vivo convencida de que las personas millennials tuvimos la mejor infancia. supongo que cada generación sufre de la misma mirada nostálgica hacia sus días más sencillos – un rite of passage, un momento canónico. sí creo que mi generación lleva ventaja: crecimos en un mundo post burbuja dot-com1, donde la descentralización y la novedad del campo nos permitía ser jovenes irreverentes y presentes, únicamente aterrizando al mundo virtual para actualizar nuestro top 8 en myspace o rotar entre habbo hotel y neopets una vez de vuelta a nuestras casas. crecimos en un mundo análogo, fuera de la vigilancia constante que ahora implican las redes sociales… solo permitiendo acceso a nuestras vulnerabilidades y secretos más íntimos al anonimato provisto por el world wide web en tiempos de dialup. i guess hannah montana was right – we really did get the best of both worlds.
en aquel entonces, el internet era una promesa – los avances tecnológicos eran vistos como una herramienta para lograr la equidad de una vez y por todas. en teoría, la descentralización del poder hacia lo virtual ofrecería nuevas maneras de exponer la verdad y abrir paso a voces nuevas, presentándose como la oportunidad™ para salir de la pobreza (o mínimo, la ignorancia). a penas recuerdo el pánico por y2k2 en los periódicos y en el el show de las 12, así que no es como que entendía todo este contexto social y político. lo que sí entendía era como, para una niña de 11 años que fingía enfermedad para faltar al colegio (thank you, ferris bueller’s day off!), navegar en línea era un respiro y escape de una realidad un poco más cruel de lo necesaria.3
estos días, el cuento es otro. mientras escribo esta entrada, llevo exactamente una semana sin acceso irrestricto a mis redes sociales. ando en medio de un tipo de ‘cleanse’, excepto que en vez de mega tés, intento deshacerme de mi dependencia al teléfono y al hit constante de dopamina que ha malacostumbrado a mi cuerpo. a diferencia de otras instancias en las cuales he hecho pronunciamientos dramáticos sobre ‘un descanso’ de las redes sociales, esta vez he sentido el alivio de no estar constantemente en línea. más que no estar constantemente en línea, es un límite ante la exposición continua a la violencia que ahora conlleva el simplemente estar en línea. y no creo que sea un ‘take feminista’ de mi parte resaltar que esta violencia es incisivamente dirigida hacia las mujeres que frecuentan estos espacios virtuales.
irremediablemente, hay un contraste notable entre el internet del ayer y el que ahora habitamos diariamente. cuando dj nelson y arcángel salieron a la escena con “chica virtual” en el 2007 (la cual, por cierto, resultó ser increíblemente engañosa… my culture is not your costume!), el cuco de la virtualidad consistía en depredadores sexuales posando como menores para secuestrarnos tan pronto se les presentara la oportunidad. ahora más que nunca, la esfera digital y su permanencia en nuestros bolsillos presenta una ruleta rusa: cada tap está cargado con la posibilidad de reproche o inspiración, convenientemente empacado en nuestro formato de preferencia más de 10 veces al día y cada vez que desbloqueamos nuestros teléfonos. aunque aún nos preocupan los depredadores sexuales, estos toman un carácter secundario ante la nueva realidad de miedos por robos de identidad, la divulgación sin consentimiento de nuestras fotos e ideas más íntimas, la generación de contenido por inteligencia artificial que cada vez más se torna indescifrable, y el perdernos una llamada importante – aunque cada vez menos utilizamos nuestros teléfonos para hacer llamadas, which i believe kinda defeats their purpose.
como persona crónicamente en línea, me atrevo a afirmar que – como humanidad – tuvimos unos buenos diez años de exploración y construcción virtual. las avenidas digitales eran campos desocupados para crear, aprender, comulgar y generar apoyo y comunidad, particularmente para aquellas personas comúnmente relegadas a los márgenes de la cotidianidad. no debería sorprenderle a nadie que las mujeres fueron pioneras y parte integral del desarrollo y el diseño del internet como lo conocemos. a falta de representación e inclusión en los medios tradicionales, el internet (y luego su inevitable reducción a aplicaciones años más tarde) se convirtió en un espacio alternativo para encontrarse y finalmente obtener validación sobre nuestras experiencias fuera de las ópticas sociales y patriarcales.4
no voy a pecar de ingenua y pretender que el internet siempre ha sido un espacio seguro, y menos para nosotras. mi relación con la comida siempre estará transmutada por todos los años de exposición al #thinspo y la fascinación cruel con los thigh gaps en tumblr – para dar un ejemplo más pg-13, sin necesidad de content warnings. nuestras experiencias como mujeres son inextricables de la violencia por el mero hecho de existir, la maldición ancestral que venimos luchando. aún así, estos mismos espacios se prestaban para la exploración y el cuestionamiento. aunque a miles de millas de distancia (o a 20 minutos en auto), formábamos parte de una comunidad. experimentamos el boom de los terceros espacios virtuales donde podíamos ser auténticamente, explorar a pesar de las vergüenzas y los límites terrenales, y entender cómo nuestra colaboración y obra es capaz de unificar mundos. por primera vez, teníamos espacios alternativos para enfrentar lo normalizado y corrosivo, para problematizar y finalmente aceptar cómo sí eran dañinos. la proliferación del internet y su acceso dio paso a las luchas del arab spring, standing rock, #metoo, la marea verde, #blacklivesmatter y hasta en el caso de mi querido archipiélago, el verano ‘19.5
dicen que no todo lo que brilla es oro y y2k siempre se vistió de chrome metálico. a pesar de una desconfianza generalizada por la novedad y extravagancia del internet, en el 2009 steve jobs declaró “there’s an app for that!”. después de famosamente acusar mi dependencia a mi computadora por años, mi madre descubrió candy crush. ahora, años más tarde, soy yo la que tengo que interceptarla en medio de 50 notificaciones y su feed de facebook. y no es solo mi querida madre – según forbes, la persona promedio pasa de seis a siete horas en línea todos los días. este dato me parece más alarmante que nunca; después de haber eliminado las aplicaciones de instagram y tiktok de mi teléfono, mi tiempo total en pantalla fue de 7 horas para toda la semana.
personas expertas han hablado extensamente sobre cómo el “appification” de todo nos ha hecho más dependientes a la tecnología. antes de la llegada de las aplicaciones, había una barrera física entre nosotras y las redes sociales. de hecho, una de mis publicaciones favoritas en el internet es un tweet tyler the creator del 2012, precisamente apuntando a la facilidad que teníamos de ignorar las cosas que veíamos en línea. aunque para aquel entonces instagram ya era bastante popular, a penas había sido comprado por facebook en abril del mismo año.6 irónicamente, ese tweet coincidió con la proliferación de los teléfonos iphones y android: para el 2013, la venta de teléfonos inteligentes sobrepasó la de teléfonos móviles tradicionales. ahora hay un app para todo, tanto así que la aplicación tiny decisions se ha ido triple platino en el teléfono de mi esposo. no hay barrera, ni física, ni virtual. estamos siempre disponibles, a un mensaje instantáneo o una publicación de distancia a cualquier hora, minuto, segundo del día.
en 90s bitch: media, culture, and the failed promise of gender equality, la periodista allison yarrow analiza la cultura popular de los 90s y su impacto en las conversaciones y prácticas sobre la equidad de general, alterando para siempre mi química cerebral. yarrow presenta la figura de “the bitch” (o como decimos en pe-erre, la bicha), como una respuesta a los avances de empoderamiento femenino y la equidad de género de las últimas décadas del siglo xx. además de un insulto, ser una ‘bicha’ es una designación, una construcción cultural que surgió precisamente en los 90s como un mecanismo de castigo y control hacia las niñas, jóvenes y mujeres que desafiaban las normas de género. a medida que lográbamos más acceso a la política, al trabajo y a nuestros propios cuerpos, más necesitaba el status quo recordarnos que no había suficiente espacio en este mundo para nuestros cuerpos y nuestras ambiciones. el arquetipo de la bicha nació para recordarnos que, lejos de ser ‘la década de las mujeres’,7 simplemente nos adentramos a la era del “demasiado”: “demasiado” exitosas, “demasiado” poderosas, “demasiado” sexuales, “demasiado” virginales, “demasiado” intensas.
somos bichas porque tenemos anhelos, porque defendemos nuestra autonomía, porque reclamamos nuestro poder y porque nos permitimos vulnerabilidad y la complejidad de nuestras emociones. el sensacionalismo mediático y canibalístico de las celebridades y aquellas mujeres reconocidas en los 90s-2000s, sirvieron como un tipo de anuncio de servicio público y barómetro social para la conducta del resto. podíamos ser y hacer todo lo que soñáramos, glorificadas por nuestros avances y contribuciones – hasta que nos confiáramos “demasiado”, dignas del castigo público cuando nos desviamos de lo esperado. y por más que hemos intentado reclamar el insulto, las declaraciones de ‘ser bichas’ como unas de empoderamiento, no deja de arder la herida que se abre cuando somos nosotras el blanco de tiro, receptoras de la palabra. tres décadas más tarde, todas íbamos a ser bichas.
mientras que la televisión, las revistas y el zeitgeist me exigían la perfección, los pixeles de mi computadora me ofrecían refugio y un espacio para mirar críticamente y cuestionar la expectativa. la razón por la cual las personas millennials tendemos a ser más progresivas no es solo porque nos criamos en un mundo en crisis, la ausencia de fronteras virtuales también nos permitió hablar de ello in real time. si lo piensas, luchamos por un mejor futuro porque un bonche de adolescentes y adultas jóvenes decidieron dedicar blogs enteros a sus sentimientos – and that’s kind of beautiful.
y sin embargo, el appificación de nuestra socialización diaria – exacerbada por el aislamiento de un mundo post-pandémico – nos ha convertido en el entretenimiento y sus consumidoras de manera simultánea. a donde sea que mires, encontrarás personas adultas enteramente cautivadas por sus rectángulos electrónicos y si no están en instagram, están en tiktok. el will they/won’t day con la venta de tiktok es menos sobre la protección de datos de sus usuarios y más por el poder de su algoritmo por cómo ha transformado la manera en que consumimos y replicamos contenido. y aunque en los 90s y en los 2000s presenciamos, participamos e internalizamos el fenómeno mediático que presenta allison yarrow, tres décadas más tarde es que logra su máximo apogeo.
el tema de conversación entre mis compañeras y amistades comunicadoras ha sido el mismo ya por algunos meses: los espacios que frecuentamos en línea son cada vez más hostiles. ya seamos creadoras, comunicadoras o espectadoras, todas sentimos la falta de ese joie de vivre cuando nos sumergimos en nuestros teléfonos. mientras documentar cada segundo y pensamiento se normaliza, los comentarios aumentan en animosidad y más personas se sienten en la comodidad de tomar sus cámaras para reaccionar y especular sobre lo que ven y consumen. la necesidad de controlar o recordarle a las mujeres de los parámetros establecidos en sociedad atraviesa cualquier nicho: el anonimato que antes cobijaba nuestras interacciones se esfuma mientras que las personas te instruyen con lujo de detalle cómo hacernos daño junto a su foto, nombre y apellido (bonus points si tienen un salmo o una cita bíblica en su bio).
tomaba un café con una amiga el año pasado cuando empecé a sentir las paredes de la virtualidad cada vez más constrictivas. obviamente porque soy yo y carezco de la capacidad de tener una conversación casual ever, aquel café terminó en la cancelación de todas las reuniones de la tarde, dos crisis existenciales y un par de lágrimas. un detalle importante en esta historia es que dicha amiga es creadora de contenido y lo ha sido por años de manera exitosa, lo cual viene con el caveat de que es una persona en el ojo público. en aquel entonces, ella atravesaba una separación que ameritaba tiempo y espacio para sanar. aunque en mi opinión enfrentó todo el proceso como una campeona y dio cátedra, lo más que me afectó fue entender que lo único que le impedía cerrar ese capítulo era la anticipación de la respuesta y las discusiones ajenas al tener que informar del suceso a sus audiencias. aunque disfruta de su soltería y maternidad con una agilidad envidiable, todos los días recibe comentarios, mensajes y amenazas puntuales ante personas que no aceptan “su comportamiento”.8
la amenaza de la vigilancia constante nos cohibe. somos vulnerables dentro y fuera de las redes sociales porque el progreso tecnológico armó a cada persona con un teléfono equipado con cámara hd y acceso al internet. las figuras más conocidas acceden a acciones o situaciones incómodas para evitar ser víctimas de un story time en internet, y quienes no tenemos donde caernos igual sentimos el peso de la expectativa que se sostiene en línea, las historias que escuchamos (y hasta disfrutamos) como recordatorio de las consecuencias al permitirnos ser “demasiado”.
desde aquel café, solo he visto la crueldad en su esplendor y aumento. mientras que los hombres tienen espacio para ser celebrados (por sus logros y fallas – ya son más de una las ocasiones en las que un hombre dice algo crasamente misógino y termina de invitado en el podcast de chente o molusco), las mujeres solo podemos ser exitosas hasta que jugamos fuera de las normas sociales impuestas por el mundo que sobrevivimos. jessica judith, creadora de contenido y trailblazer latina en entretenimiento musical, tiene la vida de cualquier fangirl. ejerció como presentadora de los premios tu música urbano el mismo fin de semana que participó de los conciertos de rauw alejandro y shakira respectivamente, sin embargo, una cantidad de comentarios alarmantes (¡y videos! because people are weird!) le reprochaban el no “calentar casa” y la ausencia de su pareja. por cada video que veía de ella destronando a carmen sandiego, veía dos intentando “descifrar” si jess aún está en una relación – o peor – acusándola de haber abandonado a su pareja y no prestarle su apoyo mientras ella se come el mundo.
y como todo en la vida, la crueldad se exacerba cuando la creadora de contenido es una persona racializada o no se subscribe a los cánones tradicionales de género o belleza. la creadora y modelo afroboricua, carla bejarán, ha trabajado consistentemente durante años para crecer su marca y resaltar la importancia de la representación en los medios. she’s beautiful, smart, dresses like barbie, teaches you how to take care of your natural hair, and can make you a mean matcha latte. todo esto para decir que su trabajo siempre ha sido desde la apertura y la positividad, a pesar de s-i-e-m-p-r-e recibir micro/macro agresiones por ser una mujer negra en el internet. a falta de oportunidades para legítimamente ir a por ella, miles de personas descendieron en sus comentarios e hicieron sus propios videos en las últimas semanas para atacarle personalmente (y hasta amenazarla de muerte) por traer a su plataforma el tema de la apropiación cultural. agraciadamente para ella, en puerto rico “ya no existe el racismo” porque somos una mezcla de tres razas.9
nombro este aumento en crueldad porque no nace de un vacío. entre todas las cosas que suceden alrededor del planeta, utilizamos lo que nos rodea para construir nuestra visión de mundo. mientras se transmite en vivo lo que indudablemente será catalogado como la tercera guerra mundial, utilizamos este mismo internet para crear nuestras propias definiciones de lo que implica ser personas, ser mujeres. en una reflexión sobre la cultura popular, anna bogutskaya nos recuerda que los medios que consumimos importan porque “they create blueprints for what’s acceptable and what’s possible for us in the real world” – por más superficiales que sean. y en un mundo que se vive cada vez más en línea, cómo nos permitimos actuar, socializar y errar en estos foros virtuales también traza una ruta espejo para relacionarnos y permitirnos la dignidad humana en esta vida.
el internet está aquí para quedarse. aunque vivo convencida de que en cuestión de años estaremos hablando de los daños causados por la exposición constante al mundo virtual, inevitablemente encontraremos un balance que nos permita el uso de la herramienta sin tirar toda la casa por la ventana. es una caja de pandora que no se puede volver a cerrar, y en realidad me mantiene demasiado entretenida y creativa como para sentir que sea necesario hacerlo. pero sí nos toca una mirada crítica, una voluntad hacia un ajuste de conducta y pensamiento.
la realidad es que el internet y las redes sociales, una vez pensados espacios liberadores para las mujeres y otros grupos vulnerados, han sido aseguradas como herramientas de vigilancia y castigo que refuerzan las normas patriarcales del “femenino ideal” (eso y un movimiento entero hacia el tecno-feudalismo, pero esa historia es para otro momento). a pesar de crecer en estos espacios y triunfar humanamente en ellos, hemos bajado guardia en un mundo que depende de algoritmos para hacernos entender y experimentar asuntos complejos. le perdimos el respeto a la cantidad de información que tenemos en nuestras manos y lo que con eso es posible, tanto así que le dejamos de prestar atención a lo que le prestamos atención.
como miley stewart al final de hannah montana, ya no tenemos “the best of both worlds”. contamos con un solo mundo, lleno de 8 mil millones de experiencias unidas por lo que vemos cada día en línea. un solo mundo, una sola decisión. solo espero que no sea demasiado tarde para tomar la que implique que podamos humanizarnos más en vida.
contigo en crisis,
ale-marie
La burbuja del dot-com (1997-2000) fue un momento glorioso para el nuevo mundo de la virtualidad, cuando todos pensaron que crear y lanzar una página web les haría millonario. Aunque el inicio tumultuoso de la especulación en línea sí rindió frutos para quienes se retiraron lo suficientemente temprano, el mercado colapsó en el 2000 y muchas empresas quebraron a pesar de sus promesas de innovación y libre mercado. Aunque solo algunas sobrevivieron y a pulmón (¿has escuchado de una compañía llamada Amazon?), el estallido dejó claro que la promesa digital no siempre venía con un plan sostenible.
Back in my day, la gente pensaba que el mundo se iba a acabar con la llegada del milenio en el 2000. Lo de las teorías de conspiración, desafortunadamente, no es nuevo.
I was badly bullied in elementary school, por lo que yo siempre intentaba quedarme en casa. En mi último año de escuela elemental tuve un récord de 132 tardanzas y 89 ausencias. A pesar de ser objeto de burla por parte de la maestra que dictó estos números para que el resto de la clase supiera, nadie nunca pensó en la posibilidad de síntomas más preocupantes porque aún así mantenía buenas notas… go figure.
En su libro Broad Ban: The Untold Stories of the Women that Made the Internet, la autora (and casual pop band duo co-member) Claire L. Evans le da vida a las mujeres que fueron borradas de la historia del fenómeno que cambió el rumbo de la humanidad. Write that down, write that down!!
También es importante nombrar que gracias a estos espacios, hoy podemos coincidir. Es más: si conoces a una millennial, profesional de comunicación que trabaja en el servicio público, I’m willing to bet good money they were a keyboard warrior back in the day. El existir a través de estos espacios virtuales me ayudó a no solo estar al día en la farándula del momento, si no a dedicarme a crear lazos humanos para transformar nuestros mundos a pesar de las distancias. And you’re part of that. Así que gracias por estar aquí.
Antes de su adquisición, Instagram era popular en una manera hiper-curada. Podías compartir con personas conocidas, pero era más bien un ejercicio para documentar nuestro día a día de una manera más romantizada. La entrada de Facebook, however, changed that entire game.
Resulta que en algún momento se consideró a los 90s como ‘la década de las mujeres’, solo porque el mayor número de mujeres electas al Congreso se dió en el ‘92 y los medios entendieron el poder comercial de Geri Halliwell y su “Girl power!”. Supongo que en esta área siempre vi el chrome metálico por lo que era, plástico y frágil, porque mi recuerdo más formativo de los 90s y los 2000s es cuán cruel es tener que crecer en el cuerpo vigilado y controlado de las mujeres.
Aunque cuento con el permiso de dicha amiga, decidí no nombrarla porque what she does in her time off is her business.
She said with sarcasm.
como una persona que desea con ansías dejar de estar crónicamente online, disfruto demasiado leerte cuando tocas este tema.
had me at habbo hotel and neopets.🤭